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EL SÍNDROME MADELEINE DESEMBARCA EN TIERRA DEL FUEGO
Sofía conmueve a la Argentina
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La misteriosa desaparición de Sofía Herrera, la reconstrucción de los últimos instantes, la mayor recompensa de la historia y el viejo recurso de sembrar sospechas sobre los padres. Las semejanzas con el caso de la nena inglesa. Otros casos de chicos perdidos en la Argentina.

(09/10/2008) Es un día común para todos en Río Grande, excepto para María Elena quien llora en su casa. Por momentos su voz casi no se escucha, se entrecorta. Hasta que suspira, pide disculpas y habla sobre su hija de tres años y medio, Sofía Herrera, quien desapareció el domingo 28. "Debe tener dolores a la noche, usa plantillas en los pies porque tiene el metatarso vencido. Le pido que le dé un Ibupirac antes de dormir", dice, en un mensaje implícitamente dirigido a "la persona que la tiene". Aunque María Elena no sabe nada de su hija desde hace más de diez días, se aferra a la ilusión de que está con alguien, y que ese alguien conserva un mínimo de humanidad como para aliviar el sueño de la nena: "Yo le pido que me la devuelva ya... que si se equivocó no importa, pero que me la devuelva", insiste llorando.
El caso conmociona a la Argentina y recuerda al de Madeleine McCann, la chiquita inglesa también de tres años que fue "tragada por la tierra", hace un año y medio, en una localidad turística portuguesa. Las dos desaparecieron en un instante, nadie vio nada (o lo que dijo ver no termina de convencer a la policía), sus ausencias son tan inexplicables como escalofriantes. En el caso de Madeleine, los padres, Kate y Gerry, pasaron a ser sospechosos durante diez meses, hasta que, en julio pasado, el fiscal general de Portugal los eximió de toda responsabilidad.
En el de Sofía, en cambio, nadie incrimina a María Elena ni a su esposo, Edgar, aunque sí se difundieron versiones sobre diferencias en la pareja que podrían estar vinculadas con la desaparición. Y la Justicia también puso la lupa sobre supuestas deudas de juego del padre que podrían haber motivado un "ajuste de cuentas". Los familiares lo desmienten, indignados. El "síndrome Madeleine", la asignación de culpas de distinto grado a los padres de las víctimas, refleja el desconcierto de los investigadores y sólo sirve para ahondar el dolor.
Desde el año 2000, Missing Children registró 3.404 casos de chicos desaparecidos en la Argentina, 275 de ellos menores de seis años. Uno de cada diez había sido sustraído por el padre o la madre, lo que explica por qué en esos casos los investigadores también apuntan al círculo íntimo de la víctima. De acuerdo a la documentación de la organización, la mitad de los chicos recuperados con menos de seis años terminó siendo encontrada dentro de las 24 horas. "Si no aparecen en las primeras 72 horas, después es más difícil", dice Adriana Sellán, colaboradora de la ONG. Mientras tanto Lidia Grichener, presidenta, trata de explicar el caso de Sofía de manera optimista: "A veces lo que pasa es que alguien levanta al chiquito, lo cuida y luego se da cuenta de que tiene que devolverlo". Pero a pesar de que Grichener mantiene "la esperanza intacta", en el país hay actualmente 232 chicos desaparecidos.
El caso de Sofía empezó el domingo 28 a las 11:30 de la mañana. La familia Herrera quería pasar el día lejos de la ciudad y decidió ir al camping John Goodell, a 60 kilómetros de Río Grande. Al llegar, el papá, Edgar, estacionó el auto a veinte metros del alambrado. El camping estaba vacío. Edgar fue a buscar dónde acampar junto a Sofía y un amigo con sus tres hijos. Mientras tanto, María Elena, embarazada de cinco meses, se quedó esperando en el auto junto a su amiga. A los quince minutos volvieron todos, menos Sofía. "Pensé que había vuelto con vos", le dijo Edgar a su mujer. Y entonces empezó la búsqueda frenética.
Primero gritaron su nombre. Una, diez, cien veces. Había mucho silencio y supusieron que, si estaba perdida, ella los iba a escuchar. "La busqué hasta en las letrinas", contó María Elena. Después llamaron a la policía, se metieron en la habitación del hombre que cuida el camping y caminaron hasta la ruta 3. Ya habían pasado las primeras 4 horas. Nada.
El lunes 29 se le asignó el caso al juez Eduardo López, que intensificó la búsqueda con la policía provincial, la Federal, gendarmería, prefectura, bomberos y vecinos de Río Grande. La primera pista la aportó el padre: "El domingo vi dos autos, un Fiat Palio rojo, y un Volkswagen gris, parados en la ruta cerca del camping con las balizas encendidas." Y la policía paró ese día a todos los autos de la zona para revisarlos.
Al otro día se rastrillaron 15 hectáreas alrededor del camping. Pero Sofía seguía sin aparecer y todo se volvió demasiado raro porque tiene, o tenía, sólo 3 años y medio, y no podría haberse alejado tan rápido de la zona. "Es muy llamativo", dijo David Raitieri, vocero de prensa de la policía fueguina. El caso llegó a los medios. Y la gobernadora de Tierra del Fuego, Fabiana Ríos, ofreció 30.000 pesos a quien aporte alguna pista firme.
Después empezaron las marchas en apoyo a la familia, la ciudad se empapeló con la carita de Sofía, la policía alertó a Interpol y a los carabineros de Chile. La próxima pista llegó el jueves 2. Uno de los hijos de los amigos que estaban ese día en el camping dijo haber visto cómo un hombre de pelo largo, vestido de negro, con un perro boxer y un auto gris, se llevaba a upa a Sofía. A partir del testimonio, el juez López ordenó cinco allanamientos (cuatro en Río Grande y uno en Ushuaia) y se instaló la segunda hipótesis: a Sofía se la llevaron en un auto.
Ese mismo jueves la gobernación aumentó a 60.000 pesos la suma del rescate, el gobierno nacional ofreció otros 70.000 y el domingo una cooperativa eléctrica sumó 30.000 pesos más. En total, $ 130.000 para cualquiera que dé una pista sobre Sofía, la mayor recompensa ofrecida en la historia del país por un menor desaparecido.

Otros casos

El antecedente más reciente fue el caso de Alan Solís, un chico de 11 años que desapareció hace más de un año y medio, por quien se ofrecían 50.000 pesos. Alicia, la tía de Alan, cuenta que a pesar del dinero, de las fotos y de que se lo buscó, "no se supo absolutamente nada". Grichener, de Missing Children, explica que ellos no están acostumbrados a trabajar con rescate. "Se usa en casos más bien policiales. Nosotros trabajamos sobre todo con afiches con foto", dice.
El sábado 4 se terminó de rastrillar hasta un kilómetro de campo adentro de la ruta 3. Los perros de la Policía Federal que siguieron el rastro de la nena marcaron que llega hasta el alambrado, y eso, hasta ahora, es lo único seguro. Pero nada se descarta. Ruber Zóffoli, director provincial de Defensa Civil, confesó que incluso fueron "a corroborar las versiones de al menos quince videntes". María Elena cuenta que ella también consultó con una vidente que le aseguró que "está viva, la tiene un matrimonio".
Frente a la incertidumbre, el lunes 6 se recurrió a buzos de la Prefectura Naval que buscaron en los afluentes del río Ewan Norte y debajo del Puente de Justicia, 15 kilómetros más adelante del camping. Además, diferentes equipos hicieron pozos en los lugares en los que se encontró tierra removida y el martes se realizaron allanamientos en Formosa en los que se secuestraron celulares. Pero todavía no se encontró nada y las hipótesis son amplias: pérdida, robo (para quedársela, para abusarla sexualmente, para el tráfico de órganos) o el supuesto "ajuste de cuentas". En los próximos días seguirán rastrillando desde el camping hasta el límite con Chile, en el puesto fronterizo de San Sebastián, y serán especialmente chequeadas las zonas de tierra removida o grietas profundas. Mientras tanto, la familia Herrera espera. Como tantos otros.

Más desaparecidos

No es el primer chico que desaparece en un camping. Hace 11 años, el primer día de enero de 1997, Hernán Soto, de 10 años, estaba acampando con la familia en un camping a las afueras de Comodoro Rivadavia. Entre las dos y tres de la tarde se fue solo a comprar una Coca-Cola a la proveeduría y nunca más volvió. La policía tardó 48 horas en tomarles la denuncia a Marcela y Sergio, los papás de Hernán. "Nunca se hizo un peritaje, la Justicia nunca hizo nada", asegura Marcela. A los 11 días de la desaparición, la policía levantó la búsqueda, y la familia de Hernán recorrió durante seis meses las estancias de la zona. "Por la manera en que buscamos alguien se lo llevó, pero pienso y no sé a dónde", dice Marcela.
Con el transcurso de los años, la familia de Hernán consiguió una actualización del rostro (hoy tendría 21 años), que se inaugurara en noviembre de 2006 una plaza en Comodoro Rivadavia con su nombre y que se realizara un registro de ADN de personas desaparecidas por si se encuentra un cadáver NN. La familia tenía la esperanza de que ahora, al cumplir los 21 años y transformarse en mayor de edad, Hernán podría volver. Pero todavía nada. "Nosotros seguimos como siempre esperando. A veces se te aprieta tanto el corazón que ésa es la única manera de sobrevivir", dice Marcela.

Se multiplican

Entre los 230 chicos desaparecidos, también figura Marilin Cabrera Villalba. Si todavía no se sabe si a Sofía la robaron (o qué), con Marilin no quedan dudas. Se la arrebataron a María Belén, la madre, de 17 años, el 4 de abril de este año en La Matanza. Tenía 42 días.
Cuando María Belén atiende el teléfono y escucha que Newsweek le pregunta sobre Marilin, se ilusiona por un instante: "¿Se sabe algo nuevo?", interroga. Le cuesta hablar. "Me duele mucho acordarme", confía, y empieza el relato del viernes 4 mientras su voz se quiebra. A las 20.30, una señora le tocó el timbre para pedirle pasar al baño y un vaso de agua. María Belén desconfiaba, pero cuando abrió la puerta para darle el vaso, la mujer la agarró de la muñeca y la amenazó con un cuchillo. "No sé qué pasó, no sé qué pasó, yo no pude hace nada", asegura María Belén entre lágrimas. Después la ató a una silla del comedor con la soga de la plancha, entró a la habitación y se llevó a la bebé.
Cuando María Belén hizo la denuncia, la policía pensó que ella había vendido o regalado a Marilín y por eso pasaron los próximos tres meses interrogándola en lugar de buscar a la bebita. "Yo sé que tuve pronto a mi nena, pero eso no significa que la di, o que la vendí", desmiente.
Cuando la policía se convenció de que María Belén no era la culpable, empezaron a buscar en los hospitales a la mujer que se la había llevado. Pero ahora ya no la buscan. "Sé que fui tonta, que le abrí la puerta de la casa a una desconocida, y por eso soy la única culpable", se incrimina María Belén, sin consuelo. "Pido a Dios que algún día la traiga de vuelta. No voy a perder la confianza, espero cruzármela en el camino para volver a verla, porque este error que cometí no se puede reparar hasta que tenga a mi hija de vuelta".
La desaparición de Sofía es confusa. La de maría Luján Olguín, una chica de 8 años que parece haberse esfumado el 10 de octubre de 2005, también. Estaba jugando en una plaza con su hermanita a cuatro cuadras de su casa, en Bella Vista. O no. Quizás estaba sentada en una esquina. Nadie sabe bien qué pasó, porque Rodolfo, el papá, estaba trabajando en una construcción, y su mujer, Roxana, estaba en la casa con sus otros 11 hijos. La hermanita de María Luján tampoco sabe, se confunde entre la plaza y la esquina y después de tres años ya no le preguntan.
Al principio llamó gente diciendo que habían visto a María Luján en los trenes, después en Retiro y la última pista apuntó a una mujer que podría tenerla. "Íbamos a todos los lugares que nos decían, y nada. Parecía que todos la veían menos nosotros", recuerda Rodolfo. Hace tres años que la familia de María Luján no tiene novedades. Lo último que hicieron fue buscarla en institutos de menores bajo otros nombres porque pensaron que quizás alguien la había levantado de la calle y la había llevado a alguno de esos lugares. Pero ahora el fiscal dice que llegaron a un punto en donde están "desconcertados". "Yo vivo loco, y como no tengo nada pienso mil cosas, que la raptaron, que se la llevó una familia o que, quizás, puede ser el tema de los órganos", dice el padre con desesperación. "El gobierno no nos cuida, estamos desprotegidos", agrega.
Los misterios se multiplican y la Justicia no descarta ninguna hipótesis. Los papás de Sofía Herrera viven destrozados, entre la esperanza, la angustia y los fantasmas. "Nunca me imaginé que esto nos podía pasar", solloza la mamá. "Las videntes dicen que está viva y que la tiene un matrimonio, pero otros llaman y dicen cosas tremendas que no quiero ni repetir". Eso: cosas tremendas que, como las sospechas infundadas alrededor del caso Madeleine, mejor que nunca sean dichas.


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