(04/05/2008) RIO GRANDE.- La inflación que aqueja a todo el país es el tema que hoy por hoy más preocupa a los argentinos. Y es que por más que la media salarial de Tierra del Fuego sea superior a la de otras provincias del país, cuando el trabajador se abastece en el supermercado sufre como nadie los incrementos de precios y siente que su salario ya no es tan rentable como antes.
Si bien la comunidad observa que los precios suben casi a diario, son muy pocas las personas que aprecian la diferencia tangible con el correr de las semanas y muchas veces el apuro por comprar y salir del supermercado cuanto antes le resta tiempo a la observación y el análisis de los precios de venta al consumidor.
Es por ello que TIEMPO Fueguino salió a hacer las compras y durante cuatro semanas guardó los comprobantes de pago para comprar algunos productos que forman parte de la canasta básica (y no tanto) familiar.
Grande fue la sorpresa cuando luego de cuatro semanas observamos que los precios, casi en su mayoría, habían sufrido remarcaciones que arrancaban en un 8% y el algunos casos llegaban al 90% de su valor inicial, allá por la primera semana de abril.
Entre el 20% y el 40% los lácteos
En el rubro lácteo se tomaron en cuenta tres productos de consumo masivo. La leche descremada por litro pasó de $ 2,49 a $ 2,83, algo así como el 30% de incremento. El yogurt descremado bebible en envase de 200 gramos costaba durante la primera semana de medición $ 1,69 y para la última semana de abril su valor era de $ 1,99
Pero el incremento más alto, cercano al 40%, se encontró en la manteca que en su pack mediano (200 gramos) pasó de $ 3,03 a $ 3,17 en cuatro semanas.
Ante esta suba de precios, muchas personas optaron por llevar lo estrictamente indispensable y prescindir de algunos artículos que hoy, son considerados casi lujosos.
"Antes siempre llevábamos queso rallado en horma pero hoy el precio se fue por las nubes así que preferimos llevar el sobre más barato", dice casi resignada Julia Subiabre, mientras recorre la góndola de productos lácteos junto a su esposo.
Las frutas y verduras, muy irregulares
Si hay productos difíciles de controlar esos son las frutas y verduras, que tiene valores muy inestables y que, por ejemplo, los recientes cortes de rutas del sector agropecuario afectaron notablemente.
Desde la primera semana a la última de este monitoreo de precios encarado por TIEMPO Fueguino, la papa blanca, el zapallo anco y las zanahorias sufrieron severos aumentos.
El kilo de papas pasó de costar $ 4,90 a $ 5,45. Por su parte el zapallo anco -siempre por kilo- fue el que más escaló ya que varió de $ 1,10 a $ 2,08, lo que representó una suba de casi un 90%.
Por último, la zanahoria valía durante la primera semana $ 2,10 por kilo y al final de abril su valor era de $ 3,49, casi un 70% más en tan solo cuatro semanas.
"El precio de las frutas y las verduras es difícil de medir porque llegan con subas o bajas casi todas las semanas y es muy poco lo que se puede mejorar desde acá", comentó un encargado de sección de un conocido supermercado de esta ciudad.
La carne sube y no afloja
Otro de los rubros que también registró aumentos constantes de precios es el de carnicería, donde los habitantes de esta ciudad manifiestan que ya es una costumbre que los precios se incrementen semana a semana.
TIEMPO Fueguino tomó cuatro artículos de vasto consumo y comprobó que las subas oscilan entre un 15% y un 50%.
Carne picada común por kilo pasó de costar $ 6,98 a $ 7,68 en cuatro semanas. La nalga, también por kilo, varió de $ 13,93 a $ 16,20 y el vacio se transformó en un corte casi privativo porque pasó de costar $ 27,15 a $ 34,05 en cuatro semanas.
Por último, el pollo fresco costaba la primera semana $ 8,34 y la última semana de este monitoreo alcanzó un valor de $ 15,25.
En líneas generales, cuando se dialoga con el consumidor, la mayoría manifiesta que el rubro cárnico es por lejos el que más creció en los últimos meses y que hay familias que directamente optaron por restringir el consumo de carnes ante los precios elevados que registran algunos cortes determinados.
"Hoy, comer un asado es casi un lujo. Nosotros compramos un poco de carne para milanesas y llevamos pollo porque está dentro de todo más barato y nos alimentamos bien", comenta Atilio Aguirre, quien asegura: "Si seguimos así, no hay bolsillo que aguante".